Javier Campos, Socio y Gestor de Azvalor, y uno de los responsables de la cartera ibérica, visita el programa Tu Dinero Nunca Duerme para hacer balance del año, explicar cómo se construye una cartera con potencial y repasar varias tesis de inversión concretas, del sector energético a la mayor productora de celulosa del mundo.
Javier Campos comenzó haciendo balance de un ejercicio positivo. Todos los fondos de la gestora acumulan rentabilidades de doble dígito en 2026, con el Azvalor Internacional a la cabeza. Fiel a la óptica de largo plazo de la firma, prefirió mirar más allá del año concreto: desde su creación, hace ya once años, Azvalor ha logrado «multiplicar por 3,7 veces el dinero de nuestros coinversores«, lo que equivale a un 13% anual después de comisiones y, subrayó, «con muy poquito riesgo«.
El corazón de la conversación fue el Método. Para incorporar una compañía hacen falta tres condiciones: «Lo primero es entender el negocio«, determinar después con alto grado de certeza cuánto ganará en los próximos diez años y, por último, que cotice barata. A partir de ahí, la disciplina es constante: la cartera mantiene su potencial al «vender lo que sube para comprar lo que ha caído«.
Preguntado por el fuerte comportamiento reciente del sector energético —con Repsol prácticamente duplicando en doce meses—, Javier reivindicó la neutralidad que caracteriza a la casa: «somos totalmente agnósticos en cuanto a sectores«. Lo importante no es la etiqueta, sino el precio y la calidad del negocio, porque, resumió, «somos un fondo de comprar barato«. Su definición de una buena inversión cabe en una sola frase: «buena compañía bien gestionada a buen precio«.
Sobre la inteligencia artificial se mostró prudente. Entienden buena parte de la tecnología, pero les cuesta prever con certeza los beneficios a diez años y encontrar valoraciones atractivas, en un terreno donde ganadores y perdedores cambian sin cesar. Con ironía, ofreció su propia «tesis de IA»: «a mí cuando me preguntan por IA, pues digo Prosegur Cash«, una compañía sencilla, líder en sus mercados y con una familia al frente. También recordó el poder de los relatos frente a los datos: como en su día con Amazon, que «no ha destruido todo lo que decían que iba a destruir«, las narrativas a veces castigan en exceso a negocios sólidos y crean oportunidades.
El ejemplo más desarrollado fue Suzano, la mayor productora de celulosa del mundo, hoy penalizada por un desequilibrio temporal entre oferta y demanda pese a ser el productor de menor coste. Javier relató sus orígenes —un inmigrante ucraniano que «vendió su casa y vendió hasta las joyas de su mujer» para levantar el negocio—, explicó la demanda estructural del papel tisú y por qué considera que cotiza muy barata. Y aprovechó para describir el proceso de la firma: antes de invertir viajaron a Brasil una semana entera. «Fuimos a ver absolutamente todo«, contó, desde el puerto hasta los eucaliptales. Ese trabajo de campo, reconoció, a veces revela que una compañía no es lo que parecía y evita errores.
La entrevista concluyó con una reflexión muy representativa de la filosofía de Azvalor: la convicción nace de conocer las compañías a fondo, año tras año, para que las oscilaciones del precio no inquieten. Cuando el mercado tarda en reconocer el valor de un buen negocio comprado barato, aseguró Javier, «es lo que menos me preocupa«: el tiempo, tarde o temprano, termina jugando a favor del inversor paciente.