Carlos Camps, Socio y Director de Innovación de Azvalor, vuelve al programa Tu Dinero Nunca Duerme para hacer balance de sus tres años en la firma. En la entrevista explica qué ha cambiado por dentro en Azvalor para acompañar su crecimiento, por qué la gestora sigue abierta a nuevas aportaciones y cómo está incorporando la inteligencia artificial.
Carlos comenzó con el hito de los diez años. Quienes invirtieron desde el primer día han multiplicado por 3,5 veces su patrimonio en una década, y a diez años Azvalor ha batido a cerca del 95% de los fondos europeos de su categoría en Morningstar. En este tiempo la firma ha duplicado su tamaño, hasta unos 45.000 coinversores y cerca de 5.000 millones de euros. Para explicar cómo se ha preparado la compañía, resumió los cambios en tres ejes: «personas, productos y procesos, muy mejorados».
El primero es el equipo. La plantilla ha crecido un 33% y el equipo de análisis, «el corazón» de la casa, un 40%, con una oficina en Londres reforzada y dedicada en exclusiva al análisis. El resultado, afirmó, es que «hoy tenemos el equipo de análisis de Value Investing más grande de España, a años luz». A ello se suma una «retaguardia» que supone el 60% de la plantilla, con cada posición estratégica triplicada, porque «no buscamos la máxima eficiencia, buscamos tener una empresa súper robusta».
El segundo es el proceso de inversión, hoy explícito y consolidado. Gracias a ello el regulador ha retirado a Azvalor la consideración de gestora de autor. Siete personas invierten ya el patrimonio de los fondos, y Álvaro Guzmán de Lázaro y Fernando Bernad siguen en primera línea, aunque «ya nadie es estrictamente indispensable». Como resumió Carlos, «la clave es que ya no están solos».
El tercero son los productos. Los fondos mantienen su nombre y su método, pero, advirtió, «parece que son los mismos, pero no son los mismos». La factoría propia está «muy robustecida por el equipo». Por su parte, el Azvalor Managers incorpora dos nuevos gestores que cubren Asia, y en especial China, una región donde la firma ha preferido apoyarse en talento local antes que abrir oficina.
Ese crecimiento explica por qué Azvalor no ha cerrado sus fondos a nuevas aportaciones. El equipo tiene unas 200 compañías analizadas y listas para invertir, mientras que las 20 principales posiciones concentran el 60% del patrimonio invertido. «Estamos súper cómodos por ahora», aseguró, y reconoció que «en alguna ola dejaremos de estar cómodos». Cuando llegue ese momento, el compromiso es claro: «si nosotros viéramos que el siguiente euro no somos capaces de rentabilizarlo», Azvalor dejaría de aceptarlo, y en ese caso, añadió, «somos los primeros».
Sobre la inteligencia artificial, Carlos defendió que la IA «es brutal porque te da superpoderes». Permite a cualquiera hacer una tortilla de patatas «más que decente», pero no una capaz de batir al 95% de los competidores. A su juicio, falta «la capacidad de discernimiento», y mirar a los ojos a un directivo no es automatizable. Dentro de casa, la adopción avanza con prudencia. Toda la plantilla, «desde los socios fundadores a la recepción», dispone de licencia de Claude, con un objetivo claro: que nadie se quede atrás, nunca reducir plantilla. Los casos de uso ya están dando resultados. En operaciones, una conciliación que ocupaba a tres personas durante dos días se resuelve ahora en un par de horas. En análisis, la IA ayuda a procesar los cientos de presentaciones trimestrales que sigue el equipo. Todo ello con la protección de los datos como prioridad.